jueves, 2 de abril de 2009


Capitulo 1
Lo normal de lo habitual.

Cuando los rayos del sol cruzaron el umbral de la ventana, se estrellaron directamente a mi rostro desprevenido por la paz y tranquilidad que el sueño le brinda al cuerpo mientras la mente trabaja por su cuenta engañando al sistema nervioso, alterando sentimientos y confundiendo a la razón; dejaron en mi esa sensación de vacío y una tristeza que discurría desde mi pecho has cada musculo de mi cuerpo envolviéndolo en un letargo permanente de soledad y aumentando el vacio con el cual solía enfrentar cada mañana que desconcertada mi mente tomaba unos minutos en volver a ordenar la realidad. Una vez levantado todo se volvía el tedioso cortejo matutino que solía acostumbrar desde hace años y parecía ser inalterable; puesto resultaba fácil y no conllevaba ninguna complicación por no experimentar nuevos métodos para hacer mi existencia poco rutinaria. La ropa del día colgaba de una vieja silla de madera destacándose de ropa vieja la cual no recordaba el día que la había usado y dudaba la necesidad de ser lavada; un par de jeans poco formales desgastados por las constantes lavadas y tres distintas playeras negras con diferentes estampados se mezclaban con esta, entre en la cocina que lucía tan blanco por el reflejo de la luz en el reluciente piso bien conservado a través de los años y me dispuse a tomar mi desayuno que podía considerar lo necesario para ser saludable.

El sol comenzaba a llenar cada espacio de la calle adornada por algunos árboles en las aceras, los autos estacionados siempre renuentes regresaban inconformes destellos de luz por los cristales avisaba el momento de salir a tomar el autobús para dirigirme a la escuela. Al salir me envolvió un constante aire frio de esas mañanas de noviembre que me producía una sensación de nostalgia por la cama que había dejado des tendida a mi salida apresurada a la parada del autobús. Al llegar mire al grupo de personas separadas significativamente entre ellas como desconocidos, reconocí a algunas caras; pero desconocía sus nombres o el lugar donde viven a pesar de durante más de 1 año verlos regularmente cada mañana a excepción del fin de semana que no acostumbraba ir a la universidad. Me recargue sobre el teléfono público desgastado y algo dañado por los constantes actos de vandalismo del cual era víctima, y mire como la señora de traje ejecutivo azul tomaba el autobús ruta 63 siempre puntal como de costumbre seguida de dos personas más que no logre reconocer. Siempre supuse que trabajaba para algún banco o tienda departamental puesto que toda la semana usaba ese uniforme ejecutivo azul marino rayado y su cabello castaño relamido era sostenido por algún tipo de diadema del mismo color que el uniforme. Menos de un minuto después visualice la ruta 621 que sería la que me llevara y un señor de cabello negro y adornado por escasas canas se adelanto por mí a señalarle que parara, subí por las escaleras hasta el chofer el cual me recibió con la acostumbrada importancia que le daba a los usuarios extendí un transvale junto a mi credencial de estudiante que he conservado desde mi primer día en la universidad y él se demoro un breve momento a tomarla dejando mi brazo extendido en forma de protesta en lo que gesticulaba un gesto de disgusto por no pagar la tarifa de 5 pesos que aumentaba 1 pesos dos veces por año alegando diferentes excusas para hacerlo; desde el hecho del aumento de la gasolina hasta el costo del autobús en otras ciudades del país. Siempre me ha parecido absurdas las razones para estos aumentos y me disgustaba las manifestaciones que realizaban en el centro de la ciudad que dejaban a mucha gente sin transporte y volvían la ciudad un caos vial. Me dirigí directo a un par de asientos vacios casi al final del pasillo junto a la puerta de salida en la parte trasera y me acomode la mochila delante de mí para sentarme junto a la ventana. Por lo regular el trayecto era largo y me gustaba ir contemplando la ciudad y cada detalle de ella, miraba cada dia como avanzaban las obras y el efecto que causaba en los ciudadanos frenéticos por el tiempo que perdían en los embotellamientos y el tráfico interminable de la mañana. Contemplar la ciudad no me resultaba desagradable puesto me gustaba criticar cada detalle del comportamiento de la sociedad, sus defectos le quitan lo ordinario a mi vida, lo absurdo marca una diferencia entre lo habitual y el desorden me brinda una excusa para tratar de arreglarla y así justificar mi existencia y darle sentido a mi educación; pero nunca es suficiente los pensamientos para mover mi ideal romántico imitación de los grandes personajes, Tolstoi, Paz, Neruda, Márquez, Orwell, Ernesto Guevara, Castro, Byron, Lenin Lennon y Dilan, en los cuales he formado mi ideal de cambio y robado un fragmento de sus vidas para aspirar a la gloria como todo ser humano lo desea y como todos, siempre tratamos de omitir el dolor de sus luchas y la tristeza de sus derrotas, queremos viajar seguros en maquinas metálicas y burbujas grises de humo para evitar el contacto con nuestro entorno y seamos víctimas de los ataques a nuestros ideales que ultrajen nuestra personalidad convirtiéndola en la que funciona mejor en sociedad.

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