
Transcurrido el camino irregular del propósito de ser y poder ser, me encontré a mi mismo en el accidente prosaico que es el miedo. Dude del ser y su función de hacer, deje de creer en las letras de Nietzsche y su voluntad de poder y viví enraizado en sociedades oscuras e impúdicas. Me limitaba a imaginar libertad sin libertinaje, solía mirar y contemplar desorden y las voluntades corrompidas por la necesidad, la carencia y escases; indignado repudiaba a los marginados, me avergonzaba de los desafortunados y me aleje de todo aquello que me ligaba a eso que llamamos humano. No soy yo, mi comportamiento se ha sistematizado por los reglamentos que protegen y segmentan, que limitan y transforman la razón en un proceso de desasosiego, sin autonomía de decisión y producto de la prohibición.
Ahora sé que no puedo ser más libre de lo que la mente engañada me permite, manteniendo mi perpetua ausencia de espacio, aprisionado donde he sido negado de mirar y crear, por lo salvaje del concreto que arraiga modales y comportamientos primitivos; entonces me pregunto ¿con las necesidades de Maslow viene la consecuencia? O ¿con la seguridad termina la convivencia?
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