jueves, 16 de abril de 2009

Preludio ficticio



Mi mente había olvidado toda preocupación banal que pudiera tener mi vida y se vio turbada por una sensación de nostalgia que aceleraba mi corazón llenando mis venas de tristeza y arrepentimiento; pero en mi intento de control varios recuerdos nublados es los rincones de mi memoria que había decidió ocultar en un intento fallido de tirarlos al olvido, se habían hecho presentes inquiridoramente como un deja vú de alguna vida pasada en la que ella habría sido delicada, de sentimientos puros y carácter fuerte; pero el tiempo y la desilusión la habían convertido en calculadora, fría que manipulaba a toda persona a su alrededor, sirvientes abnegados por una muestra de cariño obligada y deshonesta arrojada como pago para el sustento de las ilusiones de los que creen poder amarla y de los ilusos que creen poder tenerla. En el fondo la odiaba, me había torturado durante mucho tiempo pensar de quien sería la culpa de tal metamorfosis que se llevo a la mujer que pude haber amado y me entrego a la que nunca podría amar. La deseaba aun, había sido adicto al aroma de su piel y tantas veces había descansado mis manos en la suavidad de su vientre, había bebido de sus labios y en sus pechos perfectos había soñado, probé lo que por regla o ley divina llamarían amor y de esa misma ley había sufrido por él.

Hay mentira en sus intenciones y engaños en sus palabras. Hay mentira en mis acciones y engaños en mi razón.

miércoles, 15 de abril de 2009

Disturbios Mentales.


Mi mente había dejado de imaginar, se había sumido en el mundo de las preocupaciones triviales que consumen la existencia propia del pensamiento, las viejas escuelas dejaban de tener importancia y las cosas que de verdad importaban, se volvían cada vez mas subjetivas, al grado de volverse absolutas según las normas que se habían establecido por las masas. En el silencio de una habitación que adornaba la humedad y vestían sus desgastadas paredes; grietas pronunciadas y telarañas en sus rincones, me había empezado a consumir la desesperación; los pensamientos de miedo, dolor y deseo aparecieron súbitamente causándome intranquilidad. Había algo fuera de la oscuridad de mi razón que me tenía intranquilo. Había dolor en mi pecho, emoción en mis ojos y alivio en mi cuerpo.

Quisiera develar el futuro, saber que existe algo que me pertenece; mas allá de ilusiones e ideas que cuestionan la lógica de los demás. Los recuerdos de momentos de mi vida se acumulaban en rincones del olvido y la amnesia los cubría con su ligera, sabana gris.

Un misántropo llora, un viejo solitario temeroso del olvido se arrepiente. Yo quiero más de la vida, felicidad compartida, honestidad en mis acciones y aprendizaje de mis errores.

miércoles, 8 de abril de 2009

Trilogía



Había algo inusual que deambulaba esa tarde, como brisa de mar de aroma salado y suspiros calientes en mi cuello y rostro. Los sonidos del mar para mi eran un recuerdo del papel de cada organismo en este mundo, y recordé el nombre por el cual debíamos llamar a las cosas, la sabiduría de la naturaleza se hacía presente en su forma, su organización y el trabajo de miles de años de evolución que formaban lo que el hombre se había empeñado en desacreditarle el papel de creadora de vida y arquitecta de paisajes. Un hombre sumergía la mitad de su cuerpo en el mar y con cada ola que venía venir, buscaba la manera de mantenerse inmóvil y sentirse fuerte; pero la naturaleza le recordaba que había algo mas allá de la voluntad que se había impuesto y ese inútil intento le me recordó que hay cosas que no podemos explicar y no por eso debemos llamarlas de otro nombre según nuestras creencias. Teníamos un regalo que habíamos menospreciado en el egoísmo de la existencia humana. No me pertenece, pero lo contemplo con envidia por ser su obra maestra, lo que el ser humano no podrá llegar a ser, por su constante deseo de autodestrucción; el infinito trabajo natural de la evolución.

Llamar cada cosa por su verdadero nombre. alguna vez lo escuche.

martes, 7 de abril de 2009

Trilogía


Al despertar decepcionado de su entorno, miro por la ventana y contemplaba la impasible brisa de esa tarde lluviosa que se volvía enemiga de sus impulsos, obstaculizando el escape efímero de su triste entorno. Miraba desesperadamente los muebles parecían marchitos y las paredes desgastadas; puesto no encontraba descanso digno para enfrentarse a su mente que acuchillaba sus entrañas con recuerdos y dudas. El cuarto de la casa se volvía cada vez más pequeño y pareciera que se desquebrajaba el techo sobre él, el piso le calcinaba las plantas de los pies; pero ese sufrimiento era pasajero en comparación a los turbios pensamientos y los acertijos de la razón. Convencido de preferir un resfriado acogedor a la confusión tajante de una ilusión desoladora, decidió salir deprisa y sin abrigar; puesto que ya tenía tiempo sin albergar algo en el, incluso el dolor y la tristeza le habían abandonado y cualquier otro sentimiento que lo regresara al terreno humano le resultaba ofensivo y en ocasiones repulsivo. Con las gotas sobre su cuerpo inherente de su voluntad, imaginaba navajas cayendo en sus hombros, desangrándolo hasta extraer todo el líquido que lo mantenía saludable, sano, vivo y humano.

Aquella calle en picada, sin árboles ni algún intermediario entre la lluvia y su objetivo había llegado a su fin, llevando con ella un ligero río que descendía sobre sus pies volviéndolos pesados como bloques de concreto sólidos como sus emociones. Al llegar a ese callejón de casas en mal estado, de jardines secos y hierba descuidada; le brindaron la suficiente inquietud para seguir por la calle de tierra y piedras lodosas hasta el final donde por fin se alejaría de todo aquello que le avergonzaba. Con ímpetu en sus piernas y tajantes movimientos de su cintura, llego a la epifanía que se vislumbraba antagónicamente, entre nubes grises y un cálido sol destellante, petulante ante sabanas grises desgarradas y percudidas. El ligero fulgor que escapaba del cielo y abrazaba amenazadormente su cuerpo, no eran lo suficientemente intimidantes para mitigar su soledad y tristeza, mucho menos podrían extirparla; pero hipnotizado una vez que hubo dejado detrás los descuidados rastros de civilización, camino por aquella extensa planicie de arena café, solida, gruesa y agrietada que trazaba un camino desgastado por el contaste tránsito de personas, que lo guió por aquella revelación de belleza y tranquilidad; donde en el punto más elevado miraba el impasible manto turquesa que yacía frente a él y los sonidos de las olas que minutos atrás eran sórdidos y solo una ligera distorsión del ambiente, al contemplar fuerza, se escucharon con claridad callando los gritos de agonía de su memoria.

domingo, 5 de abril de 2009

Cenizas y tiempo.


Agosto 1987. Un presidente miente, en la calle la gente oculta la verdad y reprime sus verdaderas intenciones.

Febrero 1997, estoy listo para amarla, hay algo honesto en mis labios, su beso no miente, sus ojos engañan pero mis manos están llenas de verdad; sus mejillas se encuentran frías como la noche, desliza sus dedos a través de mi espalda y un escalofrió la recorre en dirección contraria. Los perros aúllan en las calles, los carros emiten sonidos y hay gente que habla. Ella se aleja con su beso y al mirarla se disuelve en ceniza y fuego, me lanza una sonrisa que se burla de mi deseo, le sonrió y me siento dispuesto a fundirme en su hoguera; pero su amor ahora me quema y el calor repele mi deseo, la miro y espero a que se desvanezca; me dice que no es nuestro tiempo, yo le sonrió por última vez y me despido. El amor esta en el ambiente; pero el viento sopla tristeza.

Diciembre 2007, hay cenizas en mi cama, la neblina matutina se estrella en mi ventana. Hoy es un buen día para recordarla.

jueves, 2 de abril de 2009


Capitulo 1
Lo normal de lo habitual.

Cuando los rayos del sol cruzaron el umbral de la ventana, se estrellaron directamente a mi rostro desprevenido por la paz y tranquilidad que el sueño le brinda al cuerpo mientras la mente trabaja por su cuenta engañando al sistema nervioso, alterando sentimientos y confundiendo a la razón; dejaron en mi esa sensación de vacío y una tristeza que discurría desde mi pecho has cada musculo de mi cuerpo envolviéndolo en un letargo permanente de soledad y aumentando el vacio con el cual solía enfrentar cada mañana que desconcertada mi mente tomaba unos minutos en volver a ordenar la realidad. Una vez levantado todo se volvía el tedioso cortejo matutino que solía acostumbrar desde hace años y parecía ser inalterable; puesto resultaba fácil y no conllevaba ninguna complicación por no experimentar nuevos métodos para hacer mi existencia poco rutinaria. La ropa del día colgaba de una vieja silla de madera destacándose de ropa vieja la cual no recordaba el día que la había usado y dudaba la necesidad de ser lavada; un par de jeans poco formales desgastados por las constantes lavadas y tres distintas playeras negras con diferentes estampados se mezclaban con esta, entre en la cocina que lucía tan blanco por el reflejo de la luz en el reluciente piso bien conservado a través de los años y me dispuse a tomar mi desayuno que podía considerar lo necesario para ser saludable.

El sol comenzaba a llenar cada espacio de la calle adornada por algunos árboles en las aceras, los autos estacionados siempre renuentes regresaban inconformes destellos de luz por los cristales avisaba el momento de salir a tomar el autobús para dirigirme a la escuela. Al salir me envolvió un constante aire frio de esas mañanas de noviembre que me producía una sensación de nostalgia por la cama que había dejado des tendida a mi salida apresurada a la parada del autobús. Al llegar mire al grupo de personas separadas significativamente entre ellas como desconocidos, reconocí a algunas caras; pero desconocía sus nombres o el lugar donde viven a pesar de durante más de 1 año verlos regularmente cada mañana a excepción del fin de semana que no acostumbraba ir a la universidad. Me recargue sobre el teléfono público desgastado y algo dañado por los constantes actos de vandalismo del cual era víctima, y mire como la señora de traje ejecutivo azul tomaba el autobús ruta 63 siempre puntal como de costumbre seguida de dos personas más que no logre reconocer. Siempre supuse que trabajaba para algún banco o tienda departamental puesto que toda la semana usaba ese uniforme ejecutivo azul marino rayado y su cabello castaño relamido era sostenido por algún tipo de diadema del mismo color que el uniforme. Menos de un minuto después visualice la ruta 621 que sería la que me llevara y un señor de cabello negro y adornado por escasas canas se adelanto por mí a señalarle que parara, subí por las escaleras hasta el chofer el cual me recibió con la acostumbrada importancia que le daba a los usuarios extendí un transvale junto a mi credencial de estudiante que he conservado desde mi primer día en la universidad y él se demoro un breve momento a tomarla dejando mi brazo extendido en forma de protesta en lo que gesticulaba un gesto de disgusto por no pagar la tarifa de 5 pesos que aumentaba 1 pesos dos veces por año alegando diferentes excusas para hacerlo; desde el hecho del aumento de la gasolina hasta el costo del autobús en otras ciudades del país. Siempre me ha parecido absurdas las razones para estos aumentos y me disgustaba las manifestaciones que realizaban en el centro de la ciudad que dejaban a mucha gente sin transporte y volvían la ciudad un caos vial. Me dirigí directo a un par de asientos vacios casi al final del pasillo junto a la puerta de salida en la parte trasera y me acomode la mochila delante de mí para sentarme junto a la ventana. Por lo regular el trayecto era largo y me gustaba ir contemplando la ciudad y cada detalle de ella, miraba cada dia como avanzaban las obras y el efecto que causaba en los ciudadanos frenéticos por el tiempo que perdían en los embotellamientos y el tráfico interminable de la mañana. Contemplar la ciudad no me resultaba desagradable puesto me gustaba criticar cada detalle del comportamiento de la sociedad, sus defectos le quitan lo ordinario a mi vida, lo absurdo marca una diferencia entre lo habitual y el desorden me brinda una excusa para tratar de arreglarla y así justificar mi existencia y darle sentido a mi educación; pero nunca es suficiente los pensamientos para mover mi ideal romántico imitación de los grandes personajes, Tolstoi, Paz, Neruda, Márquez, Orwell, Ernesto Guevara, Castro, Byron, Lenin Lennon y Dilan, en los cuales he formado mi ideal de cambio y robado un fragmento de sus vidas para aspirar a la gloria como todo ser humano lo desea y como todos, siempre tratamos de omitir el dolor de sus luchas y la tristeza de sus derrotas, queremos viajar seguros en maquinas metálicas y burbujas grises de humo para evitar el contacto con nuestro entorno y seamos víctimas de los ataques a nuestros ideales que ultrajen nuestra personalidad convirtiéndola en la que funciona mejor en sociedad.