Ciertamente no he adquirido el derecho terrenal para juzgar y condenar las acciones de las masas sórdidas que se mueven con fluida naturalizad por los vestigios de su más profundo intento de consolidar la raza; aun sin derecho divino por no pertenecer al club de los que mienten con gracia, devoción, descaro y credulidad. No puedo evitar mirar y pensar; ¿a dónde nos dirigió la moral y las buenas costumbres? ¿A la perversión del sentido de existencia? ¿Alimentó demasiado los ideales de pureza y valor del errático circulo conservador de creyentes del proceso de transición? Comprendo dichos procesos; son tan frágiles como el pisar la arena, tan cálida que punza las plantas de los pies de quien transita por ella y sumerge nuestro andar inadvertidamente más allá de suponer que es inevitable. Pero de ahí engendra sus defectos y banalidades, volviendo a la gran orgia de ideales un preservativo del placer natural de la diversidad. Así nos mostramos ilusos y especulamos de la veracidad de esa manifestación orgásmica que es el ser humano.
Verdad y amor solo las escuchamos estas fechas como susurros seductores que acarician nuestros odios y nos provocan una sensación de estimulo, pero no de placer.
Feliz 2009.
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